Error, lentitud y confianza en uno mismo
Taller de filosofía con niños de 9 a 11 años sobre la importancia de equivocarse. En los discursos pedagógicos de moda, se suele decir que equivocarse no es grave. El problema es que entre el discurso y los actos a menudo hay un abismo. Por un lado, los docentes dicen con frecuencia que saber equivocarse es importante; por otro, el sistema escolar, y muchas veces también los padres, no dejan de llamar la atención sobre los resultados. Así que cuando decimos «equivocarse no es grave», se nota que no nos lo creemos del todo: pronunciamos la fórmula para tranquilizarnos, pero en el fondo nuestros errores nos inquietan mucho.
En el taller que animé ayer en la pequeña escuela del pueblo de Lajoux, en las montañas del Alto Jura, intento, pues, desenredar este problema con los niños. A veces, en una clase, algunos niños llegan muy rápido al resultado correcto mientras que otros se esfuerzan y lo consiguen con mucha dificultad.
—Entonces, ¿qué es mejor: estar en el lugar del niño que lo consigue rápido o en el del que se esfuerza?
—Es mejor ser el niño que lo consigue rápido —responde enseguida Léa, que es buena alumna.
—¿Por qué?
—Porque recibirá pronto una recompensa y eso le dará confianza en sí mismo —precisa.
—Pero entonces, si lo que cuenta es llegar al resultado correcto, ¿también se puede hacer trampa?
—No, porque el éxito solo está bien si has hecho un esfuerzo —dice Ali—. Si lo consigues porque has hecho trampa, quizá tengas una buena nota, pero no tienes de verdad confianza en ti.
—¿Por qué?
—Porque otra vez, ante la dificultad, no sabrás cómo se hace, no tendrás confianza.
—Entonces, al final, para tener confianza en uno mismo, ¿hay que conseguirlo rápido o despacio?
Los niños están divididos, así que seguimos con la conversación. Algunos piensan que, al final, es mejor conseguirlo despacio y con esfuerzo, porque para quien lo consigue demasiado rápido es un poco como hacer trampa, aunque menos grave: a veces uno da con el resultado correcto, pero es solo por casualidad. Otras veces es porque uno tiene talento, pero el inconveniente de tener talento es que no nos tomamos realmente el tiempo de tener confianza en nosotros mismos. La persona con talento no ha aprendido a medir sus fuerzas, a saber por qué ha pasado para llegar hasta ahí. A veces es el problema del buen alumno que, en el fondo, duda mucho de sí mismo: lo consigue sin saber muy bien por qué. Y luego, cuando llega un fracaso, está perdido.
Al volver a subir a la Philomobile, pienso en nuestra pequeña conversación con los niños. Me parece que en la vida pasa algo parecido: si lo conseguimos muy rápido y muy bien, la confianza que tenemos en nosotros es demasiado superficial; cuando hemos pasado por fracasos y nos hemos tomado el tiempo de superarlos, de mirarlos sin asustarnos ni dramatizar, nos volvemos mucho más sólidos.
PhilomobilePor Laurence Bouchet
Reflexiones
Reflexiones
Reflexiones
CONTINUAR EL DIÁLOGO
Tus reflexiones sobre este texto
Estas líneas no pretenden ninguna verdad definitiva: son una propuesta para discutir, prolongar o contradecir. Tus objeciones, preguntas e hipótesis son bienvenidas.