La PhilomobilePhilomobilePor Laurence Bouchet
Français · English · ← Volver al inicio

Práctica filosófica

Las distintas corrientes de la práctica filosófica

Solemos hablar de «práctica filosófica» en singular, cuando en realidad existen formas muy distintas de ella. Diálogo socrático, filosofía para niños, DVP, consulta filosófica, diálogo neosocrático, cafés filosóficos: panorama de las grandes corrientes, de lo que las une y de lo que las separa.

La Philomobile, una furgoneta azul con la inscripción «Conócete a ti mismo» (en francés), aparcada en un estacionamiento. Delante, algunos transeúntes conversan en pequeños grupos; en primer plano, una pizarra anuncia en francés: «¿Ganas de dialogar, de filosofar? ¡Es aquí! (¡Es gratis!)».

Solemos hablar de «práctica filosófica» en singular, cuando en realidad existen formas muy distintas de ella. Desde hace varias décadas asistimos a una renovación de prácticas que sacan la filosofía de sus lugares académicos habituales. La filosofía ha aparecido así en consultas, cafés, escuelas primarias, empresas, cárceles o en el espacio público.

Todas estas prácticas comparten una convicción: la filosofía no consiste solo en conocer doctrinas o comentar autores. También puede ejercitarse. Cuestionar, argumentar, conceptualizar, examinar los propios presupuestos y poner a prueba el propio pensamiento son otras tantas maneras de filosofar.

Pero detrás de esta afirmación común aparecen enseguida divergencias importantes. ¿Qué lugar conceder a la palabra espontánea? ¿Hay que buscar el consenso o, por el contrario, hacer aparecer los desacuerdos? ¿Debe el animador mantenerse en segundo plano o intervenir activamente? ¿Filosofar consiste ante todo en permitir que cada uno se exprese o en poner a prueba lo que piensa?

Las categorías que siguen son necesariamente esquemáticas. Los métodos se cruzan, evolucionan y pueden practicarse de maneras muy diferentes según las personas. Permiten, sin embargo, distinguir algunas grandes orientaciones.

¿Qué es la práctica filosófica?

La práctica filosófica designa un conjunto de enfoques que invitan a cada persona a filosofar por sí misma, en lugar de quedarse solo como espectadora del pensamiento de los filósofos.

No se trata, por tanto, únicamente de acumular referencias, sino de ejercitar ciertas capacidades: cuestionar, conceptualizar, argumentar, problematizar, detectar los propios presupuestos, examinar las propias contradicciones y tomar distancia respecto de la propia manera de pensar.

Recupera así algo de la filosofía antigua. Pierre Hadot mostró en particular hasta qué punto la filosofía antigua era inseparable de ejercicios espirituales y de una transformación de la manera de vivir. El propio Sócrates no escribía tratados: interrogaba a sus interlocutores en el ágora.

He desarrollado en otros textos lo que distingue la práctica filosófica de la enseñanza académica o de la psicología. Aquí se trata de examinar lo que distingue a los practicantes entre sí.

1. El diálogo socrático por el cuestionamiento: Oscar Brenifier

El principio

Inspirado en la mayéutica socrática, este enfoque sitúa en el centro un cuestionamiento riguroso.

El practicante no busca principalmente exponer una doctrina ni dar su opinión. Interroga. Puede pedir a su interlocutor que responda con precisión a una pregunta, que elija entre varias hipótesis, que defina un término, que justifique una afirmación o que examine una contradicción.

El trabajo se refiere tanto al contenido de las ideas como a la manera de pensar: ¿escuchamos de verdad la pregunta planteada? ¿Intentamos justificarnos de inmediato? ¿Necesitamos tener razón? ¿Podemos reconocer una contradicción sin intentar enseguida hacerla desaparecer? ¿Nos cuesta posicionarnos con claridad?

Filosofar se convierte así también en una observación del propio pensamiento.

Las competencias trabajadas

Cuestionar, profundizar, conceptualizar, argumentar, problematizar y examinar los propios presupuestos.

Los formatos

Consultas individuales, talleres colectivos con adultos o con niños, intervenciones en empresas y en el ámbito escolar, formación de practicantes.

Figura clave

Oscar Brenifier, doctor en filosofía, fundó en 1995 el Institut de Pratiques Philosophiques junto con Isabelle Millon. Ha formado a numerosos practicantes en Francia y en el extranjero y ha publicado numerosas obras destinadas tanto a niños como a adultos.

Lo que caracteriza este enfoque

Puede ser exigente y a veces incómodo. El objetivo no es que el interlocutor salga reafirmado en lo que ya pensaba, sino que descubra eventualmente una contradicción, una confusión o una manera recurrente de razonar.

Sus defensores consideran precisamente esta incomodidad como una de las condiciones posibles del trabajo filosófico.

2. La filosofía para niños: Matthew Lipman

A finales de los años sesenta, el filósofo estadounidense Matthew Lipman constata las dificultades de razonamiento de sus estudiantes y plantea la hipótesis de que habría que empezar a ejercitar el pensamiento mucho antes.

Desarrolla entonces el programa Philosophy for Children (Filosofía para Niños), basado sobre todo en relatos filosóficos destinados a los niños.

Después de la lectura, los alumnos formulan ellos mismos las preguntas que desean examinar.

El corazón del método

La «comunidad de indagación».

El grupo busca en conjunto. Cada uno debe escuchar a los demás, retomar sus propuestas, aportar razones, examinar hipótesis y construir progresivamente una reflexión común.

El docente o el animador no transmite una respuesta ya elaborada. Vela por el proceso de indagación y por la calidad del razonamiento.

Figuras clave

Matthew Lipman y Ann Margaret Sharp, que fundan en 1974 el Institute for the Advancement of Philosophy for Children, en Estados Unidos.

Este enfoque se ha difundido después ampliamente por todo el mundo.

→ Para ir más lejos: Talleres de filosofía con niños

3. La Discusión con Finalidad Filosófica (DVP): Michel Tozzi

La Discussion à Visée Philosophique, o DVP (Discusión con Finalidad Filosófica), se ha desarrollado sobre todo en Francia, en el ámbito de la educación.

Organiza una discusión colectiva en torno a una pregunta filosófica dentro de un marco estructurado.

A los participantes se les pueden atribuir distintos roles: presidente de sesión, reformulador, sintetizador, observador. La circulación de la palabra obedece a reglas conocidas por todos.

Michel Tozzi identifica tres grandes competencias filosóficas: problematizar, conceptualizar y argumentar.

La DVP concede así un lugar importante al aprendizaje del debate, a la cooperación y a la dimensión democrática de la discusión.

Figura clave

Michel Tozzi, especialista en didáctica de la filosofía en la Universidad de Montpellier, ha contribuido en gran medida al desarrollo y la difusión en Francia de las «nuevas prácticas filosóficas».

¿Dónde se encuentra esta práctica?

Principalmente en la escuela y en los centros educativos, pero también en asociaciones, bibliotecas u otros lugares de discusión.

4. Los talleres de filosofía AGSAS: Jacques Lévine

Este enfoque, nacido en el cruce entre el psicoanálisis y la educación, propone a los niños reflexionar sobre una gran pregunta acerca de la condición humana durante un tiempo determinado.

Una particularidad importante es el lugar muy discreto del adulto.

Este interviene poco en el contenido de lo que se dice. El objetivo es, en particular, que el niño pueda experimentarse a sí mismo como un sujeto capaz de pensar el mundo y de producir una palabra que merece ser escuchada.

Figura clave

El psicoanalista Jacques Lévine y la asociación AGSAS.

Lo que distingue este enfoque

El acento está puesto más en la emergencia de la palabra y en la construcción de uno mismo como sujeto pensante que en la puesta a prueba rigurosa de los argumentos.

Esta diferencia es importante: permitir que alguien tome conciencia de que piensa no es exactamente lo mismo que confrontar su pensamiento con sus contradicciones.

5. La consulta filosófica: Gerd Achenbach, Lou Marinoff

La consulta filosófica se basa en un dispositivo individual: una persona acude a un filósofo para examinar una pregunta que la inquieta.

Puede tratarse de una elección, de una relación, de un conflicto, de una dificultad para actuar, de una sensación de callejón sin salida o, más ampliamente, de una interrogación existencial.

El filósofo no establece un diagnóstico médico ni pretende curar una patología. Busca ayudar a la persona a examinar las representaciones, los valores y los razonamientos que estructuran su manera de considerar la situación.

Figuras clave

En 1981, el filósofo alemán Gerd Achenbach abre cerca de Colonia un gabinete de Philosophische Praxis (práctica filosófica).

En Estados Unidos, Lou Marinoff contribuye a popularizar el enfoque a finales de los años noventa, sobre todo con su libro Más Platón y menos Prozac.

Una práctica muy diversa

El término «consulta filosófica» abarca en realidad prácticas muy diferentes.

Algunos practicantes privilegian una conversación relativamente libre, la escucha y la puesta en perspectiva a través de autores.

Otros, en particular siguiendo la estela de Oscar Brenifier, utilizan un cuestionamiento mucho más ajustado destinado a examinar directamente la manera de razonar del interlocutor.

→ Para ir más lejos: ¿Es la práctica filosófica una terapia? · La consulta filosófica

6. El diálogo neosocrático: Leonard Nelson y Gustav Heckmann

El diálogo neosocrático es una tradición alemana nacida a comienzos del siglo XX.

Un grupo pequeño parte generalmente de un ejemplo concreto vivido por uno de los participantes.

A partir de esa situación particular, los participantes buscan metódicamente responder a una pregunta más general: ¿qué es una decisión justa? ¿Qué es la confianza? ¿Cuándo se puede hablar de responsabilidad?

El animador no da su opinión sobre el fondo. Garantiza sobre todo el método y el avance de la indagación.

Figuras clave

Leonard Nelson, filósofo en Gotinga, y después su alumno Gustav Heckmann, que contribuyó en gran medida a formalizar esta práctica.

Lo que la distingue

El tiempo largo, el análisis minucioso de un ejemplo y la búsqueda de un acuerdo entre los participantes.

Un diálogo neosocrático puede así desarrollarse durante varias horas, e incluso varios días.

7. Los cafés filosóficos: Marc Sautet

El café filosófico se basa en una idea sencilla: filosofar en un lugar público accesible a todos, sin requisitos previos particulares.

Un animador propone o recoge una pregunta y, a continuación, se inicia la discusión entre las personas presentes.

Figura clave

Marc Sautet lanza en 1992 un café filosófico en el Café des Phares, en la plaza de la Bastilla de París. Relata esta experiencia en Un café pour Socrate.

El movimiento se ha desarrollado después ampliamente en Francia y en otros países.

Una gran diversidad de prácticas

El café filosófico constituye a menudo una puerta de entrada a la filosofía fuera del marco universitario.

Pero todo depende de la manera en que se anime.

Una discusión en la que cada uno expone sucesivamente su opinión no es necesariamente todavía un trabajo filosófico. Para que un pensamiento se construya, también hay que poder pedir razones, definir los conceptos utilizados, examinar los desacuerdos y aceptar que las propias afirmaciones sean cuestionadas.

Esta distinción me parece esencial.

Lo que une estas prácticas

A pesar de sus diferencias, estas corrientes comparten varias convicciones:

  • todo el mundo puede filosofar, no solo los especialistas;
  • la filosofía es una actividad tanto como un saber;
  • pensar puede aprenderse y ejercitarse;
  • la confrontación con otras personas puede contribuir a este ejercicio.

Pero detrás de este acuerdo general se esconden concepciones bastante diferentes de lo que significa filosofar.

Lo que las separa

Una primera diferencia se refiere al papel del animador.

Puede mantenerse muy en segundo plano, como en algunas prácticas AGSAS o en el diálogo neosocrático.

Puede sobre todo garantizar un marco de discusión, como en algunas DVP.

Puede, por último, intervenir muy activamente en el pensamiento del interlocutor mediante sus preguntas, como en la práctica desarrollada por Oscar Brenifier.

Una segunda diferencia se refiere a la finalidad de la práctica.

Algunos enfoques buscan ante todo que una persona tome conciencia de que es capaz de pensar y de hacer oír su palabra.

Otros privilegian el aprendizaje de la discusión colectiva o democrática.

Otros, en fin, buscan transformar la relación que cada uno mantiene con su propio pensamiento.

Pero una oposición atraviesa quizá aún más profundamente estas distintas prácticas: ¿basta con permitir que un pensamiento se exprese, o hay que ponerlo también a prueba?

Expresar una idea puede ser importante. Pero filosofar empieza quizá verdaderamente cuando esa idea se convierte ella misma en objeto de examen.

  • ¿Por qué pienso esto?
  • ¿Qué estoy presuponiendo?
  • ¿Es coherente mi afirmación con lo que acabo de decir?
  • ¿Soy capaz de considerar seriamente la hipótesis contraria?
  • ¿Qué ocurre cuando alguien cuestiona mi idea?

Estos distintos enfoques no persiguen, por tanto, exactamente las mismas finalidades ni ponen las mismas exigencias detrás de la palabra «filosofar».

Su diversidad conduce finalmente a una pregunta más interesante que la de saber qué método sería «el bueno»: ¿a partir de cuándo una discusión se vuelve verdaderamente filosófica?

Mi práctica

Fui profesora de filosofía antes de convertirme en practicante.

Mis estudios me abrieron la mente y me permitieron encontrar pensamientos que han contado profundamente para mí. Pero también me enseñaron, a veces, a admirar los grandes discursos más que a examinar mi propio pensamiento. Alimentaron además en mí cierta inhibición: los grandes filósofos habían pensado antes que yo y mejor que yo. ¿Qué podía pensar todavía por mí misma?

El encuentro con Oscar Brenifier y su manera de practicar el cuestionamiento supuso una ruptura.

Descubrí una filosofía en la que ya no se trataba principalmente de comentar lo que otros habían pensado, sino de asumir el riesgo de examinar lo que yo misma pensaba.

Me inscribo, por tanto, claramente en esta tradición del cuestionamiento socrático.

Cuando animo un taller o una consulta, no busco ante todo transmitir mis ideas ni que cada uno salga reafirmado en las suyas.

Pregunto para que la persona pueda ver con más claridad lo que piensa, lo que presuponen sus afirmaciones y los mecanismos que estructuran su manera de razonar.

Esto puede exigir aceptar ser interrumpido, responder con precisión a una pregunta, elegir cuando uno querría mantener abiertas varias posibilidades, o reconocer una contradicción.

Este trabajo no se refiere, por tanto, solo a las ideas.

Se refiere también a nuestras actitudes: nuestra manera de escuchar, de reaccionar ante una objeción, de justificarnos, de querer convencer, de protegernos cuando una pregunta nos pone en dificultad.

Filosofar consiste entonces también en aprender a verse pensar.

Esta filiación con Oscar Brenifier no significa, sin embargo, que retome todas sus modalidades.

Desde 2013 he elegido filosofar en la ciudad, con públicos muy diferentes: niños en la escuela, alumnos de secundaria, personas presas, aprendices, personas con discapacidad, empleados de empresas o simples transeúntes.

También creé la Philomobile, una furgoneta acondicionada como espacio de diálogo, para ir a filosofar en el espacio público con personas que probablemente nunca habrían cruzado la puerta de un taller de filosofía.

Con un equipo, atravesamos así Francia hasta Marruecos.

Estas experiencias me convencieron poco a poco de una cosa: la capacidad de pensar no está reservada a quienes han estudiado filosofía. Pero tampoco se desarrolla simplemente porque se dé la palabra. Necesita ejercitarse.

Hoy propongo consultas filosóficas individuales, talleres y cursos, y formo también a personas que desean aprender a conducir diálogos filosóficos.

Trabajo con otros practicantes formados en este método.

Formarse en la práctica filosófica

Preguntas frecuentes

La enseñanza académica de la filosofía concede un lugar importante a las obras, a los conceptos, a los problemas filosóficos y a la historia del pensamiento.

La práctica filosófica pone más bien en primer plano el ejercicio directo del pensamiento del participante.

No se trata simplemente de comprender lo que pensaron Platón, Spinoza o Nietzsche, sino de examinar lo que pensamos nosotros mismos y la manera en que lo pensamos.

Ambos enfoques pueden, evidentemente, nutrirse mutuamente.

No, aunque pueda tener efectos beneficiosos.

No diagnostica ni cura una patología. Su objeto primero es el pensamiento: examinar nuestras representaciones, nuestros razonamientos, nuestros valores y nuestra manera de interpretar las situaciones que vivimos.

Le he dedicado un artículo: ¿Es la práctica filosófica una terapia?

No.

No se necesita ningún requisito previo particular, ya que el punto de partida es precisamente lo que la persona ya piensa.

La dificultad no consiste necesariamente en poseer muchos conocimientos. Consiste a menudo en aceptar examinar realmente lo que uno afirma.

Numerosas estructuras y practicantes proponen hoy formaciones, según métodos y concepciones diferentes de la práctica filosófica.

Por mi parte, propongo formaciones centradas en el cuestionamiento socrático: aprender a formular preguntas, detectar los presupuestos y las contradicciones, trabajar las actitudes de pensamiento y conducir progresivamente a una persona a examinar por sí misma su manera de razonar. Por ahora, se imparten en francés; la formación individual también puede seguirse en inglés.

CONTINUAR EL DIÁLOGO

Tus reflexiones sobre este texto

Estas líneas no pretenden ninguna verdad definitiva: son una propuesta para discutir, prolongar o contradecir. Tus objeciones, preguntas e hipótesis son bienvenidas.